La historia de la pesca en Bizkaia no se entiende sin el papel de las mujeres. Generaciones de ellas han trabajado en tierra para que la actividad en el mar fuera posible, sosteniendo una tradición que todavía hoy forma parte del valor de nuestros productos.

Neskatillas: el vínculo entre el puerto y el mar

Las neskatillas eran habitualmente esposas, hijas o hermanas de los marineros. Su labor comenzaba en el puerto, donde recibían los barcos tras la faena. Eran ellas quienes descargaban el pescado y se encargaban del aprovisionamiento de víveres y todo lo necesario para que los arrantzales pudieran zarpar y vivir en alta mar. Sin su trabajo, la actividad pesquera no habría sido posible.

Empacadoras: orden y calidad en la lonja

En la primera venta, las empacadoras han tenido un papel esencial. Con sus manos expertas clasificaban y ordenaban el pescado, garantizando que llegara a los mercados en las mejores condiciones. Su destreza y precisión eran garantía de frescura y calidad.

Rederas: guardianas de un oficio imprescindible

Las rederas han sido, y siguen siendo, una figura clave. Son ellas quienes confeccionan, reparan y mantienen las artes de pesca, un trabajo que exige técnica, paciencia y conocimiento transmitido de generación en generación. Su labor asegura que la flota pueda salir al mar con redes en perfecto estado.

Tradición que da valor a cada producto

El esfuerzo de neskatillas, empacadoras y rederas no solo pertenece al pasado: forma parte del presente y del valor añadido de la pesca vasca. En OPESCAYA creemos que reconocer esta herencia es reconocer que la historia de la pesca no se escribe solo en el mar, sino también en tierra, gracias a quienes han hecho posible que hoy podamos seguir ofreciendo productos de calidad, con identidad y con responsabilidad.